26 de enero de 2011

23 DE ENERO DE 1958: VICTORIA DE LA VOLUNTAD POPULAR

Por: Erika Calanche Ramos

Hace 53 años, se concibió la victoria de la voluntad popular. El pueblo heroico venezolano organizó una rebelión y salió a las calles para defenderse de la dominación, derrocando el sistema de gobierno dictatorial de 10 años que ejerció el general Marcos Evangelista Pérez Jiménez en Venezuela.

En 1957 se inició clandestinamente la constitución de una Junta Patriótica, integrada en un principio por el Partido Comunista de Venezuela (PCV) y la Unión Republicana Democrática (URD). luego se suman a esta organización los partidos Acción Democrática (AD) y COPEI, estos bloques políticos se fundieron en un gran movimiento unitario que convocó a todos los sectores del país asegurando en 1958 el triunfo de estos hombres y mujeres que lucharon con pasión para consolidar el ideario de libertad que yace en nuestras venas.

A esta causa se antecedió la insurrección militar que estuvo al mando del Coronel Hugo Trejo ocurrida el 1º de enero de ese mismo año. Este acontecimiento contó con el respaldo de los partidos políticos y de la sociedad civil, conducidos clandestinamente por la Junta Patriótica que lideró el periodista Fabricio Ojeda.

Luego del derrocamiento de Marcos Pérez Jiménez, la Junta Patriótica recibió un golpe mortal al ser traicionada por el Pacto de Punto Fijo, siendo este un acuerdo fijado entre los partidos Acción Democrática y COPEI para alternarse en el poder y dominar la conducción del país, limitando los movimientos socialistas y humanistas que lideraban los partidos de la izquierda, subordinando la política de Venezuela a la de Washington. Estos inicuos intentaron sepultar a sangre y fuego la lucha antiimperialista de las masas.

En este sentido, tal y como expresó el periodista revolucionario Fabricio Ojeda en su carta de renuncia, enunciada el 30 de junio de 1962, la cual planteó con pasión en sus letras: “Venezuela, en fin, necesita un cambio profundo para que los derechos democráticos del pueblo no sean letra muerta en el texto de las leyes; para que la libertad exista y la justicia impere; para que el derecho a la educación, al trabajo, a la salud y al bienestar sean verdaderos derechos para las mayorías populares y no privilegios de escasas minorías. Pero nada de esto podrá lograrse en un país sub-desarrollado y dependiente, como el nuestro, sino a través de la acción revolucionaria que concluya con la conquista del Poder Político por parte del pueblo. De otra manera, tanto los instrumentos de poder, como los medios de riqueza, continuarán en manos de los monopolios internacionales y de las castas oligárquicas del país, con la consiguiente explotación de los trabajadores, la proliferación del hambre y la miseria y el abandono permanente del pueblo. Esta situación precisa una transformación estructural que cambie el sistema formalista de la democracia por la efectiva realización de la misma: es decir, que arrase con todo lo podrido, con todo lo injusto, con todo lo indigno de nuestra sociedad y en su lugar erija una nueva vida de justicia y libertades.”

Empero, el Pacto de Punto Fijo representa en los hechos de nuestro país cadenas peores que la dictadura, pues nuestra sociedad se vendió al abismo de los leones de la América del Norte y el sistema liberal que oprime a las mayorías en la miseria económica y humana. Aún en nuestros tiempos, padecemos los desmanes de la inconsciencia y la codicia en todos los espacios sociales e incluso ambientales.

La herida de este pacto trajo consigo la explotación desmedida de nuestros recursos minerales y naturales, muestra de ello, es el impacto ambiental en nuestras fronteras donde se explotan oro y piedras preciosas, donde el mercurio envenena la selva y la codicia a la humanidad. Aunado a esto, se quebrantó nuestro sistema agrícola y pecuario como consecuencia de la explotación de los intestinos de nuestra fértil tierra para extraer el petróleo o eses llamado oro negro, mineral que también ha causado impacto ambiental, político, económico y social.

Ante este drama histórico de nuestro pueblo causado por el egoismo, se debe considerar las reflexiones de Fabricio Ojeda, en el cual sañala que el remedio es responsabilidad de los venezolanos progresistas y solucionarlos es deber irrenunciable. Por ende, no debemos pecar en aplicar los consabidos "paños calientes" ya que postergan la enfermedad. En tanto, es imprescindible ir a la raíz para erradicar con los orígenes del mal, he aquí una transformación profunda de la mente y el alma para que nuestras acciones sean consonas al verbo. No hay mal que dure cien años ni venezolanos que lo resistan. Por ende, los personeros políticos de la derecha y los que se amparan en la izquierda sin vocación política, deben reflexionar que las promesas que no pueden cumplirse causan decepción, pues son literalmente demangogia, no se debe profesar una democracia que no se acciona y en su nombre muchos representantes de la derecha y de la quinta columna la usan para maltratar y engañar.

Aún en nuestros tiempos debemos considerar estas palabras y este ideal para transformar este país y los países hermanos, tierras con figura legal que heredarán nuestras próximas generaciones. Por su parte, al sector de la derecha, la quinta columna y los hijos que heredaron la inconsciencia de aquella IV República que hacen vida fuera y dentro de los espacios de los poderes políticos en Venezuela, les dedico estas palabras del periodista apasionado Ojeda: “Ningún movimiento político ha negado hasta ahora estas realidades; pero lo que es realidad y convicción para algunos, es demagogia y politiquería para otros. Esto se ha venido demostrando, al menos, en nuestra accidentada historia, en nuestro proceso republicano. Una cosa ha sido la prédica política fuera del poder y otra, muy distinta, acción de gobernantes. Y a cada paso, salta a la vista cómo el pueblo, las mayorías hambrientas, miserables y desamparadas, no han sido más que infeliz escalera cuyos peldaños trepan ambiciosos y carreristas”.

Sin embargo, el despotismo, la iniquidad y la represión no frena la pasión de los venezolanos y las venezolanas, pues los hechos históricos y el triunfo revolucionario en nuestros días demuestran que la lucha de los hijos e hijas de Bolívar es un legado que se transfiere en el alma de generación en generación para defender de manera heroica nuestra soberanía y cantamos con dignidad: “Gloria al Bravo Pueblo que el yugo lanzó, la Ley respetando la virtud y honor…”


Abajo las cadenas!! Muera la opresión!!

Por la Patria y por el Pueblo!!

Viva la Revolución!!!

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