11 de agosto de 2010

La mordaza es un mito y la Ley de Responsabilidad Social en Radio y TV una deuda social


El cumplimiento de la Ley de Responsabilidad Social en Radio y Televisión se ha plasmado por el sector adversario como el fenómeno pérfido “Ley mordaza”. Sin embargo, es errático creer que la misma fue concebida para cerrar medios de comunicación, para controlarlos y censurarlos, que legaliza una forma indirecta de intervención y que viola la libertad de prensa. Argumento facineroso absolutamente alejado de la realidad.

La responsabilidad social constitucionalmente protege el valor superior del ordenamiento jurídico expresado en el Artículo 2 de la Constitución de la República Bolivariana Venezolana; como un principio de la estructura federal adoptada por el Estado y el principio de corresponsabilidad que plantea el Artículo 4 de la misma.

Asimismo, en materia de seguridad de la Nación, el Estado y la sociedad civil en corresponsabilidad deben dar cumplimiento a los principios de independencia, democracia, igualdad, paz, libertad, justicia, solidaridad, promoción y conservación ambiental y afirmación de los derechos humanos enunciado en el Artículo 326.

Es un deber que toda persona en la vida política, civil y comunitaria del país promueva y defienda los derechos humanos como fundamento de la convivencia democrática y de la paz social tal y como se señala en el Artículo 132 de la carta magna como un medio para hacer posible los fines del Estado. Por ende, hombres y mujeres deben colaborar con éste reglamento para alcanzar los fines estatales de los órganos del Poder Ciudadano y el sector socioeconómico, con base a los principios de justicia social, democratización, eficiencia, libre competencia, protección del ambiente, productividad y solidaridad, a los fines de asegurar el desarrollo humano integral y una existencia digna y provechosa para la colectividad (Artículos 274 – 299 de la Constitución nacional).

Aunado a ello, se debe considerar que la televisión y la radio en Venezuela, pública y privada, deben transformarse para elevar la calidad de sus mensajes, ya que en una coyuntura ideológica masiva de cambios en Venezuela fundamenta en la Carta Magna, en el cual se plantea la democracia participativa y protagónica, es necesario emitir mensajes con profundo contenido cívico, cultural, autóctono; plasmando solidaridad y responsabilidad con el público masivo, que son seres con sentimientos y pensamientos contrario esto a máquinas consumidoras de mensajes.

Estos medios audiovisuales masivos están obligados por mandato constitucional señalado en el Artículo 108 a contribuir con el Estado en la formación, promoción, desarrollo y educación de los ciudadanos en los más elevados principios y valores ciudadanos y democráticos. Y esto es lo que pretende esta Ley Responsabilidad Social en Radio y Televisión.

Considerando lo antes expuesto, y teniendo en cuenta que el espectro electromagnético es un bien del Estado y su explotación se hace mediante concesiones a los particulares, lo menos que puede esperarse es que esos particulares, al explotar ese bien, lo hagan preservando el interés general y los más sagrados derechos de los ciudadanos como usuarios de esos servicios.

Quienes reciben la autorización pueden y deben en principio ejercer libremente la actividad económica que han preferido, pero ésta queda sujeta por reglamento a la vigilancia, fiscalización y control del Estado. Además, dentro del Estado Social de Derecho, los particulares autorizados tienen el deber de cumplir con su responsabilidad social, lo que significa que debe ser cónsono el cumplimiento de la ley y propender la paz social, consolidando de esta manera la armonía entre el deber de las personas y el Estado.

En consecuencia, los principios éticos y legales confluyen, ya que para estructurar los proyectos legales que rigen la sociedad se basan en los valores que proceden de la conciencia de hombres y mujeres nobles en convivencia. Por ende, no se puede pretender desligar la ética de las leyes, pues su fiel cumplimiento depende de esa cognición que por ley natural nos guía.

Por otra parte, es antagónico que en el mito de la mordaza se pretenda justificar con los preceptos de la libertad de expresión, ya que este punto no está en discusión en Venezuela, pues la verdad implícita de lo que está en discusión es el libertinaje y la ausencia total de responsabilidad, en el cual, los medios de comunicación asumen la producción de mensajes absolutamente desvinculados del interés social y general que están obligados ética y legalmente a preservar.

En tanto, debe concebirse con sensatez que la libertad de expresión no es el uso abusivo de la práctica comunicacional. Por esta razón, es preciso establecer acciones que garanticen el efectivo cumplimiento de una reglamentación legal adaptada a las exigencias comunicativas y democráticas que exige la realidad política de la Venezuela del siglo XXI.

Sin embargo, los propietarios de los medios masivos optan por emitir sentencias y prejuicios pérfidos, silenciándose intencionalmente sobre la calidad y el contenido de la televisión y la radio que producen. De un modo insensato prefieren tapar sus oídos e ignorar la voz de los usuarios y la necesidad ética del ejercicio de este oficio comunicacional que más allá de ser informativo es formativo.

Finalmente, debe reflexionarse palabras que expresó Renny Ottolina el 22 de junio de 1980 en la Revista Resumen “La televisión venezolana no aporta lo que debiera a la cultura nacional. Es más, su influencia es, quizás, negativa. Encuentro a la televisión venezolana culpable de ignorar la dignidad de los habitantes de nuestro país, culpable de desidia en su programación y de pecar de ligereza en cuanto a la responsabilidad que implica su inmenso poder. Responsables por igual de esta situación: los patrocinantes, las agencias de publicidad y las estaciones de televisión, creo que la televisión venezolana está equivocada desde hace muchos años. Patrocinantes, agencias y estaciones de televisión no vacilan en producir los programas y las cuñas comerciales más vulgares, chabacanos y asombrosamente denigrantes para lograr el más alto rating posible. Hace muy poco la televisión venezolana, no satisfecha con su esforzada labor hacia el descenso de los más elementales valores de la dignidad humana, consideró más que necesario, imprescindible, programar espectáculos filmados cuya base son el terror y la violencia, en horas cuando la televisión venezolana estaba absolutamente segura que habría más niños encendiendo televisores y, por lo tanto, aumentando el rating. La vida tiene valores que son los que la televisión venezolana no está enseñando al niño. No se puede ni se debe pagar el rating a costa de la dignidad del venezolano.”

A causa de su incesante reclamo y gestión formadora de conciencia, su voz pretendió ser silenciada en un cruel mutismo, pero hoy en este siglo revolucionario despierta su voz en hombres y mujeres de alma y conciencia comprometidos con el destino de nuestra generación de relevo.

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