16 de enero de 2010

Debe imperar la conciliación humana y el respeto a la naturaleza


Por: Erika Calanche Ramos.



“Eruditos y eruditas de las ciencias, maestras y maestros sabios de todas las religiones, presidentes, presidentas, reinas y reyes, a modo de reflexión se expresa este sentir: La naturaleza de esta tierra es tan genuina y poderosa que en fracciones de segundos vulnera todas las teorías, doctrinas, leyes y normas establecidas; algunas para la creación y otras tantas para saciar las ambiciones excesivas, explotando sus bondades de manera desproporcionada y quebrantando la armonía y perfección que yace en ella.”



Las personas de las “altas esferas” (definido así por ellos mismos) según sus paradigmas, consideran que al alcanzar los más altos niveles de intelecto, poder de mando y adquisitivo, conocido como imperio, primer mundo, sociedades desarrolladas han alcanzado óptima calidad de vida. Sin embargo, desconocen el principio de la naturaleza y nuestra esencia en la misma. Es decir, sucumben en la vanidad, la fatuidad y lo efímero, cayendo en un limbo de ignorancia e incomprensión cultural de nuestro habitad.


Asimismo, obvian que en este planeta viven otros miles de seres vivos que respetan los sistemas de la naturaleza, incongruentemente somos según nuestras teorías los únicos seres en esta tierra con razón, sentimientos y conciencia, pero también los únicos literalmente depredadores de plantas, arboles y animales de modo desmedido. Y digo únicos, ya que los animales en manadas matan para saciar el hambre sin llegar al punto de extinguir su alimento, los animales herbívoros comen las plantas necesarias sin exterminar con todo un bosque, los insectos y demás seres aprovechan el recurso respetando la armonía de la vida en la tierra.


Contrario a lo expuesto el ser humano con complejo imperante de estas culturas de desarrollo con toda su cognición “inconsciente” y razón ególatra extinguen especies de animales y plantas ya sea porque quebranta el habitad o por descomedimiento en matanzas y talas.


Es más extravagante aún, ver los programas de análisis científicos donde se plantea la posibilidad de hallar un planeta en otra galaxia que presente las mismas condiciones del nuestro, formulando la hipótesis de trasladar vida humana a aquel habitad antes de que toda vida en la tierra perezca. Por consiguiente, surgen las siguientes interrogantes: ¿Se depredará aquel planeta tal y cómo se está devastando el nuestro?, ¿Por qué invertir o gastar tanto dinero en estos estudios, si existen posibilidades de remediar con acciones humanas y económicas la contaminación, el calentamiento global, el oscurantismo, la hambruna y la sequía? ¿Qué seres creen que tendrán las posibilidades según estos estudios de la supuesta salvación?.


Ahora bien, resulta que las diversas etnias indígenas de nuestro planeta respetan, sienten y reconocen los procesos de la diversidad de las especies y la diversidad del ecosistema y de la misma cultura humana. Es irónico, pero estos no son científicos ni menos poderosos por excelencia, pero son seres con una cultura humana basada en el principio del amor y el respeto a la naturaleza y todo lo que ella expresa a través de las aguas, la fertilidad de los suelos, los vientos, la luna las estrellas, ya que también son conocedores históricamente de la astronomía y la influencia sobre nuestra tierra.


Aunado a lo planteado y en el orden de ideas de la conciliación humana, ¿Es tan difícil concebir que no son necesarias las armas para dispararnos los unos contra los otros? Y esta pregunta es para quienes dirigen las grandes naciones que imperan el mundo y también para aquellas naciones que pretenden hacer contraposición al dominio y la barbarie de explotación de recursos e incluso humana. Es complejo lo expuesto, porque arrastramos la cultura histórica en las venas como bien señaló un joven amigo sociólogo en esos análisis de comprensión de nuestra esencia y los procesos de colonización y convivencia.


Quizás este sentir planteado se considere utópico o retórico para aquellos seres pragmáticos e intelectuales a pesar de la cruel iniquidad que se vive y los estragos de la naturaleza como producto de esa misma inconsciencia. No obstante, siento que los cambios son posibles, sin mucha teoría ininteligible; simplemente depende de la acción de cada persona aunque parezca insignificante, pues de esta manera, será perceptible la protección del planeta que habitamos, negando las hipótesis extra terrestres e inverosímiles de emigrar a otro planeta donde toda vida limitada o execrada de estos proyectos perezca.


Finalmente, no debe ser nuestro destino perecer, necesario es construir un nuevo ser y un planeta naturalmente armónico en su biodiversidad.