2 de agosto de 2008

EL DEBER DEL POLÍTICO Y EL HACER DE LA MAYORÍA


Por: Erika Calanche Ramos


El deber de los políticos es hacer, es concebir acciones y proyectos que mejoren las condiciones de infraestructura urbana, ambiental y social; respaldar sistemas económicos que permitan un equilibrio entre la fabricación y el consumo, incentivar mecanismos y normas de conciencia de participación que involucren a la mayoría de las personas en los procesos de producción para el Estado respetando los valores humanos.

Para ser más explicita, es preciso entender que desde quien preside el gobierno hasta quienes lideran organizaciones civiles y el mismo colectivo somos parte del deber político, ya que esta tarea no es exclusiva de aquellos a quienes se les delega la responsabilidad de administrar los proyectos de calidad de vida que en sinergia diseñen y planteen las comunas. Es decir, que todos somos hacedores de política y se le suministra el poder de hacer nuestras propuestas a un líder político que será voz y acción de nuestros proyectos comunales y sociales; en este sentido, también como colectivo y activas personas trabajadoras por nuestros vecinos y nosotros mismos tenemos la responsabilidad de fiscalizar y ser contralores de que nuestros líderes o representantes gestionan con la misma capacidad ética y moral nuestra, es por ello, que tenemos según lo establecido por nuestra magna constitución la potestad en mayoría de derogarle poder de hacer a estos representantes políticos cuando incurren en demagogia y corrupción.

Ahora bien, cuando se expresa en el título el hacer de la mayoría se hace referencia a la mayoría colectiva, a la mayoría de los Voceros Comunales, Diputados, Concejales, Alcaldes y Gobernadores; es obvio que quienes hayan concebido el buen hacer de la política no debe aludirse por lo que a continuación se esbozará.

En 1999 se inicia en nuestro país un gobierno que propone un sistema político de cambios radicales en los paradigmas sociales y económicos en pro de dignificar la calidad humana y la cultura de Venezuela y los países latinos. Sin embargo, esta corriente idealista le otorga a los diversos grupos sociales la posibilidad de participar y hacer bajo el principio del valor humano, pero la realidad que plasman los hechos por ahora difiere del idealismo que se profesa, pues en primera instancia es imprescindible asumir la voluntad de hacer con vocación y ética, por ende, no basta con profesar y expresar el sentir social, es preciso ejecutar acciones sociales que vivifiquen tal sentir.

Profesar sin hacer es igual a demagogia, hacer para el lucro propio y no para el lucro colectivo es igual a monopolio y esto a su vez es corrupción y malversación de fondos. Estas líneas pretenden una profunda reflexión para quienes hacen política facinerosa, tapizando los muros de nuestro país con sus rostros sin sentir la necesidad de su colectivo y sin involucrarse con los proyectos que plantean los mismos. También para aquellos que bajo la imagen del máximo líder [1] anhelan acariciar el poder para tener sin hacer, peores éstos, pues detrimen el sentir de la mayoría y defraudan el proyecto megapolis planteado y ejecutado por quienes laboran día a día por el cambio cognitivo y esencial de nuestro pueblo.

Finalmente y muy particularmente tengo fe en que se puede hacer mera política para alcanzar cambios radicales en la calidad humana de las personas que lideran los sistemas sociales del quehacer político y la pimienta de este cambio es la buena formación a la generación de relevo.

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