4 de octubre de 2007

ES IMPRESCINDIBLE DIVORCIAR AL PODER DE LA CORRUPCIÓN


Por: Erika Calanche Ramos

La Corrupción viciosa en su naturaleza, penetrada en la cultura del ser, muy sublime y poco perceptible en la cotidianidad, pero avasallante y dañina en su unión con el poder. Asimismo, el Poder, es fuerte en su esencia, de condición vigorosa y facultativa para hacer o impedir, todos se cautivan ante su grandeza y capacidad en el devenir, es ineludible y positivo cuando su acción está aliada a la justicia, la ética y la moral de los seres; sin embargo, unido a la seductora corrupción representa para la humanidad despotismo, anarquía y tiranía.

En este sentido, personas de almas justas, nobles, humildes y sabias luchan radicalmente con el objetivo primordial de divorciar al poder de la corrupción. Aunque, pareciera que fuese una misión inalcanzable y quizás imposible, pues déjenme decirles, que la tarea es sencilla, ya que depende absolutamente de la conciencia, la formación y el amor con el que formamos a nuestros hijos, de la manera en la que actuamos con las personas, es decir, del modo que convivimos con nuestro propio ser y con los demás seres.

La corrupción, es parte de la naturaleza humana como el poder, muchos conversan y analizan el factor corrupción cuando se encuentra unida al poder, pero nadie la percibe, la reflexiona o examina cuando crece equitativamente con el niño o la niña, para ser más explícita, les expondré dos ejemplos sencillos:

1. Un niño va con su madre al mercado y se fija que ella toma una pequeña fruta y la come, la mujer luego de culminar de recorrer los pasillos terminando también de degustar el pequeño durazno, la cual le ofreció un poco a su hijo, se dirige a la caja y cancela todo, excepto la pequeña fruta que comió. Esta situación planteada parece un caso inofensivo, pero les aseguro que el niño desde entonces hasta cuando sea un hombre, tomará una fruta de éstas del mercado y no la cancelará, si se multiplica este caso por muchos, tenemos como resultado mucha gente robando inofensivamente una pequeña fruta del mercado.

2. Una niña llega al aula y sorpresivamente se entera que su maestra aplicará una evaluación de matemáticas, olvidó revisar o repasar aquella clase, a su lado se encuentra un niño en la misma situación que ella, la diferencia es que aquel niño tenía una clásica y muy famosa chuletita en el teléfono móvil que sus padres le habían obsequiado para que estuviese comunicado con ellos, en fin, el caso es que la niña para no aplazar la evaluación decide pedirle a su compañero de estudios que le facilite el material de apoyo. Es decir, los chamos se copiaron e hicieron trampa, pero díganme algo, ¿realmente creen que la maestra es afectada o burlada cuando los niños se copian?, pues la respuesta es no, son burlados ellos mismos por su acción, ya que la maestra se sabe esa clase de memoria y ellos no. He aquí otro caso inofensivo de corrupción que bien sabemos que es parte del día a día en los colegios y centros educativos y ocasionalmente tiene penalidad por parte del educador, pero en esta nueva generación, algunos profes… no le dedican mucha atención a este fenómeno de la chuleta, porque es parte, según de nuestra cultura.

Teniendo en cuenta lo antes expuesto, convivimos sin importarnos con la mediocridad y con lo supuestamente inocuo negativo, pero generalmente, la naturaleza inconforme del ser humano, siempre desea y codicia mucho más de lo que posee en lo personal, profesional y material. En consecuencia, lo inocuo se transforma en inicuo, por ende, la corrupción se convierte en un arma seductora alcanzando de manera avasallante al poder. Por tal razón, es preciso, reflexionar profundamente estos ejemplos que se han planteado, pues estamos patéticamente acostumbrados a estas acciones, ignorando y justificando estos hechos.

Finalmente, considero que el poder es sublime cuando se aplica en el fundamento moral, ético y espiritual, ya que de este modo, funciona como un sistema político íntegro, en base al principio de corresponsabilidad humana. Un ejemplo digno del Poder en su divina esencia es Jesús de Nazaret.

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