5 de septiembre de 2007

LA LEY NO DEBE SER LETRA MUERTA


Por: Erika Calanche Ramos

Ley: “Normas escritas de ordenamiento jurídico en pro de la disciplina ciudadana y la armonía social”. El autor

No debe ser la ley letra muerta, pues el conjunto de normas escritas en la constitución de la República Bolivariana de Venezuela se establecieron con el fin de refundar una sociedad democrática participativa y protagónica, multiétnica y pluricultural en un Estado de justicia, federal y descentralizado, consolidando los valores de la libertad, la independencia, la paz, la solidaridad, el bien común, la integridad territorial, la convivencia y la permanencia de estas normas en esta generación y en las generaciones futuras; asegurando el derecho a la vida, al trabajo, a la cultura, a la educación a la justicia social y a la igualdad sin discriminación ni subordinación.

Asimismo, promover la cooperación pacífica entre las naciones; consolidando la integración latinoamericana de acuerdo con el principio de no intervención y autodeterminación de los pueblos, siendo los derechos humanos la garantía universal e indivisible. Además, se plantea la democratización de la sociedad internacional, el desarme nuclear, el equilibrio ecológico y los bienes jurídicos ambientales como patrimonio común e irrenunciable de la humanidad. Tal y como está expresado en el preámbulo de nuestra Constitución en la página 9.

Considerando lo antes expuesto, se puede decir que la condición legal de la Constitución Bolivariana, está escrita bajo principios políticos y jurídicos que definen el significado de lo humanamente justo. En este sentido, es preciso que el ciudadano venezolano, las instituciones y organismos públicos y privados conciencien y apliquen estas normas que nos hace estructuralmente un país con plena soberanía. Sin embargo, el desconocimiento, la no ejecución o incumplimiento de la Ley va en detrimento de la relación fundamental Estado – Nación.

De un modo más explícito, la relación Estado – Nación, es ordenamiento jurídico (Leyes) siendo este el significante de Estado, que se encarga de consolidar como se planteo al inicio, los valores, las culturas, la pluralidad ideológica en el proceso de convivencia de los diversos grupos sociales y etnias definida así la Nación, bajo una única estructura políticamente independiente. En tanto, el problema no son nuestras normas o nuestras leyes, es la poca disposición y voluntad para conocer y cumplir dichas normas, ya sea el ciudadano civil, militar, representante institucional y público; igualmente siendo la persona natural en el desempeño familiar y profesional, simplemente en el ejercicio cotidiano, como por ejemplo: peatón o conductor, jefe, analista, obrero, padre, madre, hijo (a); es decir, en el pleno proceso de civilidad social.

Por ende, es preciso, y se hace un llamado de conciencia a través de estas letras expuestas, vivificar nuestras leyes, ejecutándolas y respetando los valores que nos transforma literalmente en mejores ciudadanos y dignamente soberanos. Del mismo modo, es justo y necesario tener en cuenta los principios morales – aunque desde una óptica subjetiva del autor, no exista ser con la suficiente capacidad moral para plantear la moral – ya que teniendo en cuenta este fundamento y la ética para la formación y educación del individuo en el hogar y en los centros garantes de la enseñanza, se fortalecen las bases del sistema social, sólo de esta manera, se podrá combatir profundamente la crisis de corrupción y deterioro social que sufre nuestra sociedad y en general un porcentaje representativo de las sociedades a nivel global.

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